sábado, diciembre 16, 2006

Junio: Masa para hacer fósforos

Actualmente Tita vive en la casa de John, el laboratorio es el lugar preferido de ambos. Cuando John trabaja en el laboratorio a Tita le gusta mirarlo porque siempre aprende y descubre nuevas cosas. Como John la ha salvado de su madre que quería “depostitarla” en un manicomio Tita le está muy agradecida a John. John le ha trído a su casa, le ha compuesto su nariz y la ha limpiado de la suciedad de las palomas. Cada día se siente mejor gracias a las palabras y la actitud comprensiva de John. Para Tita John es su libertador del horror. Pero no dice nada a John porque prefiere el silencio y no habla en general. Tiene que ordenar su mente. Entretanto Caty una señora norteamericana de 70 años la alimenta y también se ocupa de Alex, el pequeño hijo del doctor. La madre de esté se murió cuando el nació. Tita escucha a Alex y le observa pero no quiere conocerlo. A veces Tita ni siquiera come, prefiere mirar sus manos y analizarlas. No sabe que hacer con su tiempo libre porque al lado de su madre tenía que llevar la casa y ocuparse de su madre. Nunca decidía por sí misma. Le gusta estar lejo de todo eso, no pensar ni hablar. En estos días Tita encuentra a una mujer de 80 años que es muy parecida a Nacha. Su cara es la de una indígena. Sonríe amamblemente y la invita a sentarse junta a ella para beber el té que ha preparado. Entre las dos se desarolla más que una comunicación. Tita la visita diariamente. Es la abuela de John que es del tribu kikapú. Su apodo es “luz del amanecer”. Un día John quiere mostrar a Tita la teoría de su abuela, es decir que hombres son parecidos a fósforos. Los fósforos tienen que ser alumbrados por algo para que quemen. Los hombres también necesitan una persona particular que alimenta su alma. Tita conoce a su alimento pero por desgracia no puede volver a encenderlo. En la noche siguiente Tita escribe en una pared por qué no habla. Cuando al día siguiente John entra al laboratorio ve en la pared las letras escritas: Porque no quiero. Estas tres palabras de Tita son el primer paso hacia su liberación. Mientras tanto Tita piensa en las palabras de John y se pregunta si John logrará encender su alma de nuevo. Pero no lo sabe, solo está convencida de que no quiere vivir cerca de Mamá Elena nunca más.

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